miércoles, 23 de julio de 2014

EN EL CAMINO DICE...

LAS IMÁGENES QUE TENEMOS DEL MUNDO GUÍAN NUESTRO COMPORTAMIENTO
                                                      *MORGAN, LIBRO IMÁGENES DE LA ORGANIZACIÓN, 1990.



SERÍA MUY POCO FELIZ 
SI
PUDIERA DECIR
 HASTA QUE 
PUNTO LO SOY
      *WILLIAM SHAKESPEARE

EN EL CAMINO DICE...

La rigidez es buena en la piedras,
pero,
no en los seres humanos.
                                                         *anónimo  

martes, 22 de julio de 2014

TEMA LA MUJER Y LA FILOSOFÍA

EMMA GODOY LOBATO

" LA VIDA ES PARA DEJAR AL MUNDO MEJOR QUE COMO LO ENCONTRAMOS".
EMMA GODOY.
Originaria de Guanajuato, nació el 25 de marzo de 1918. Sus padres la señora Abigail Lobato y el licenciado Enrique Godoy, siendo la menor de quince hijos.
Estudio Lengua y Literatura Española en la Normal Superior de México; en la UNAM Psicología, Pedagogía  y el doctorado en Filosofía. Asistió al curso de La Sorbona de Francia y de Historia del Arte en L´École du Louvre en París Francia.
Escritora, catedrática y conferencista; fundadora de DIVE A.C. (Dignificadora de la Vejez A.C.) que su lema era "La ancianidad debe ser maestra, consejera y guía"; Presento ante la ONU la solicitud para el Año Internacional del Anciano y promovió la creación del INSEN (Instituto Nacional de la Senectud) actualmente INAPAM (Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores).
Colaboró en los programas Radiofónicos de "Charlas diarias", "Nuestro Hogar" y "El mundo de la Mujer".
Una de sus pasiones además del estudio y el magisterio, era la poesía, que fue por este gusto que conoció a Gabriela Mistral (Premio Nobel de Literatura de 1945

OBRA:
QUE MIS PALABRAS TE ACOMPAÑEN.
CAPITULO:  LA SALUD MENTAL
                                                         GENTE ACTIVA.
La quinta y última característica los sanos consiste en que éstos son activos y productores. Trabajan porque les agrada su labor. Cuando producen algo no pretenden demostrar con ello su capacidad, sino que lo hacen por el gusto de la cosa misma. Es decir, se esfuerzan en hacer algo y no en ser algo. Por ejemplo: tú escribes por el placer de escribir, no para ser escritora; a fulano el encanta diseñar y construir, más no lo hace para que reconozcan que es arquitecto notable.
En los neuróticos ocurre lo contrario; alguien quiere ser médico por el deseo del título que confiere cierta importancia social, o anhela oírse un día llamar abogado, aunque ni sabe si le gustará litigar. Cuando se dice que ahora en México la cultura ha ascendido porque todo mundo quiere estudiar, yo abro una interrogación: ¿Estudiar? ¡oh, no eso no! Quieren el título, pero sin estudiar. Por tanto, padecemos una neurosis nacional. En cambio, la dicha que teje un suéter por gusto, el muchacho que nada y juega a los bolos sin pretender ningún campeonato, o quien cultiva su jardín, están realizando una actividad libre sin compulsiones neuróticas. Lo mismo el médico a quien no le importará el título, sino curar; el maestro que enseña porque siente la necesidad de comunicar su saber; o el que escribe sin el propósito de ser famoso. Es en la intención con que hacemos algo en la que se revela nuestra salud o enfermedad. Y por tanto, sabiendo manejar nuestra intención, conseguiremos estar sanos. Hay que proponerse, pues, gustar de nuestras labores por ellas mismas  y abandonar ya la tonta vanidad de llegar a ser personas importantes.
En resumen, la salud  parece fundarse en viejas virtudes hoy muy olvidadas. Es necesario no ser un egoísta para poder interesarse en infinidad de cosas que no siempre atañen personalmente. Ser prudente y valeroso para resolver los problemas o soportar los que no tienen solución.

Se necesita humildad para reconocer nuestras limitaciones y aptitudes. Amor para tratar afablemente a nuestros semejantes. Sencillez para encontrar placer en el trabajo y no caer en la jactancia y presunción de nuestro oficio. Todo se reduce, pues, a ser buenos para ser sanos.
LIBRO POR EMMA GODOY. QUE MIS PALABRAS TE ACOMPAÑEN. EDITORIAL GRIJALBO Y TRES LUNAS EDICIONES.

TEMA LA MUJER Y LA FILOSOFÍA

Simone de Beauvoir               
 http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/5108/5108/pdfs/51loaeza.pdf Feminismo emblemático


EL SEGUNDO SEXO.  (Fragmentos)

La necesidad biológica ‑deseo sexual y deseo de posteridad‑ que sitúa al macho bajo la dependencia de la hembra, no ha liberado socialmente a la mujer. El amo y el esclavo también están unidos por una necesidad económica recíproca, que no libera al esclavo. Y es que, en la relación entre el amo y el esclavo, el amo no se plantea la necesidad que tiene del otro: detenta el poder de satisfacer esa necesidad y no le mediatiza; por el contrario, el esclavo, en su dependencia, esperanza o temor, interioriza la necesidad que tiene del amo; pero, aunque la urgencia de la necesidad fuese igual en ambos, siempre actúa en favor del opresor frente al oprimido. Ello explica que la liberación de la clase obrera, por ejemplo, haya sido tan lenta. Ahora bien, la mujer siempre ha sido, si no la esclava del hombre, al menos su vasalla; los dos sexos jamás han compartido el mundo en pie de igualdad; y todavía hoy, aunque su situación está evolucionando, la mujer tropieza con graves desventajas. En casi ningún país es idéntico su estatuto legal al del hombre; y, con frecuencia, su desventaja con respecto a aquel es muy considerable. Incluso cuando se le reconocen en abstracto algunos derechos, una larga costumbre impide que encuentre en los usos corrientes su expresión concreta.(...) Además de los poderes concretos que poseen, están revestidos de un prestigio cuya tradición mantiene toda la educación del niño: el presente envuelve al pasado , y en el pasado toda la Historia la han hecho los varones. En el momento en que las mujeres empiezan a participar en la elaboración del mundo, ese mundo es todavía un mundo que pertenece a los hombres: ellos no lo dudan, ellas lo dudan apenas. Negarse a ser lo Otro, rehusar la complicidad con el hombre, sería para ellas renunciar a todas las ventajas que puede procurarles la alianza con la casta superior. 

Sin embargo, no debemos considerar con menos desconfianza los argumentos de los feministas: con mucha frecuencia la preocupación polémica les priva de todo valor. Si la «cuestión de las mujeres» es tan ociosa, es porque la arrogancia masculina la ha convertido en una «disputa»; cuando uno disputa, ya no razona bien. Lo que se ha tratado incansablemente de demostrar es que la mujer es superior, inferior o igual al hombre: creada después de Adán, es evidentemente un ser secundario, dicen unos; por el contrario afirman otros, Adán no era sino un boceto, y Dios logró el ser humano en toda su perfección cuando creó a Eva; su cerebro es más pequeño, pero relativamente es más grande; Cristo se hizo hombre, tal vez por humildad. Cada argumento atrae inmediatamente a su contrario, y con frecuencia los dos llevan a la sinrazón. Si se quiere intentar ver claro en el problema, hay que abandonar esos caminos trillados; hay que rechazar las vagas nociones de superioridad, inferioridad o igualdad que han alterado todas las discusiones, y empezar de nuevo. 


Simone de Beauvoir: Monólogo de una mujer ¿fría?

Quien dice Beauvoir dice Sartre y viceversa. Tantos años después de la muerte de ambos, sus aportaciones filosóficas, literarias han pasado a los manuales, pero no su complicidad vital, que sigue siendo apasionante.


(Imagen: Sean Robinson, seanrobinsom.com.au)

Sartre nunca dio explicaciones sobre su famoso pacto de pareja, pero Beauvoir lo describió con pelos y señales en su muy extensa autobiografía, y eso lo abrió a la opinión pública.
¿Qué tuvo de extraordinario? En aquel momento no abundaban las parejas abiertas como la que formaron. Pero lo excepcional de la suya fue que llegó hasta el final, razonablemente libre de mezquindades, leal en lo humano e intelectual, aunque no fiel en lo sexual. Y enriqueció la vida de ambos.

Una chica "mal" DE CASA "BIEN"
En 2008, Simone de Beauvoir hubiera cumplido cien años. Nació el 9 de enero de 1908, hija de Georges de Beauvoir, abogado de familia aristocrática e ideas muy derechistas, y de Françoise de Brasseur. Simone y su hermana Helène recibieron de su madre una educación burguesa, católica y puritana. Georges de Beauvoir no tuvo suerte en los negocios y, en 1919, la familia arruinada cambió su confortable casa de Montparnasse por un pisito en la calle Rennes, sin ascensor, agua corriente ni servicio doméstico. El padre encontró trabajo como vendedor de publicidad de periódicos y sus aspiraciones aristocráticas fueron sustituidas por el resentimiento. Frecuentaba los burdeles y regresaba bebido de madrugada. Las peleas entre marido y mujer eran cada vez más frecuentes, y sus hijas, los testigos críticos. Para escapar a todo ello la joven Simone, de inteligencia excepcional y carácter firme, se entregó al estudio hasta llegar a ser una de las intelectuales más famosas del mundo.
En 1927 se licenció en filosofía en una Sorbona con muy pocas mujeres. Allí conoció a Jean-Paul Sartre, siendo ambos los estudiantes estrella de la facultad: cuando hacían sus exámenes orales, sus compañeros iban a escucharles. Sartre asistió a una disertación de Beauvoir sobre Leibniz y quedó seducido por su inteligencia, su atractivo y aquella voz rápida y ronca que le aportaba tanto carisma.


Sartre EL AMOR NECESARIO
Empezó a llamarla “Castor” por su notable capacidad de trabajo y afirmó que tenía “la inteligencia de un hombre y la sensibilidad de una mujer”. Ambos ganaron al mismo tiempo las difíciles oposiciones a profesores de filosofía. Beauvoir alquiló en el acto una habitación independiente y allí se consumó su unión como pareja durante unas semanas de sexo febril.
Pero Sartre planteó un problema: aunque amaba a Beauvoir, a los 23 años no estaba dispuesto a renunciar a otros amores para siempre. Hicieron entonces su famoso pacto, muy filosófico: el amor entre ambos sería “necesario”, pero no se privarían de otros amores “contingentes”. En resumen, serían una pareja abierta que se lo contaría todo sin mentirse nunca. En efecto, se escribieron cientos de cartas, que Beauvoir legó al morir a la Biblioteca Nacional. Esa correspondencia ha demostrado, no solo la intensa y variada vida sexual de ambos y su mutua sinceridad, sino también las relaciones homosexuales de Beauvoir, que ella siempre negó, con mujeres, algunas de las cuales fueron sus alumnas.
Así empezó su compleja, larga y muy documentada vida en común que todavía hoy fascina a quienes se interesan por la pareja humana. Esta además la formaban dos personas peculiares y superdotadas que siempre se trataron de usted. Su relación, pública y desafiante, atacó valores sociales casi sagrados: la monogamia, el derecho a la posesión del otro, la heterosexualidad… Sartre, pese a su notoria fealdad, era un seductor que a lo largo de su vida fue acumulando a toda una colección de mujeres jóvenes. Y Beauvoir tuvo también amantes, dos bien documentados: Algren y Lazmann. ¿Sufrió ella por culpa de los celos? Sin duda, aunque los superó con su racionalidad y con la confianza de ser la primera para Sartre: “Es cierto que fui superprotector con las mujeres, pero con la más extraordinaria (Beauvoir) tuve relaciones de igualdad. Ella no me hubiera permitido otra cosa”, afirmó Sartre al final de su vida.
A los 10 años de conocerse ya no compartían sexo, aunque la pareja se mantuvo, apoyada en una sólida relación intelectual. Marxistas radicales, estaban de acuerdo en todos sus juicios y valores, en su firme rechazo a las formas de vida burguesas y a las religiones: cuando ganaron sus oposiciones a profesores y les asignaron destinos lejanísimos (ella Marsella, él Le Havre), Sartre le propuso matrimonio para poder reunirse en la misma ciudad. Ella se negó. No quiso que su amor se transformara en la experiencia amarga de sus padres.


La Biblia feminista EL SEGUNDO SEXO
Beauvoir enseñó filosofía en distintos lugares de Francia. En Ruán conoció a Olga Kosakiewicz, una alumna de 17 años. Se hicieron íntimas amigas y pronto formaron con Sartre el primero de sus “tríos”, descrito en la novela de Beauvoir, La invitada.
Entre 1941 y 1943, siendo profesora en la Sorbona, fue denunciada ante el Ministerio de Educación por corrupción de menores: la madre de una de sus alumnas, Nathalie Sorokine, la acusó de acostarse con alumnas menores de 21 años que luego pasaba a Sartre. La “familia” sartreana lo negó todo, pero Beauvoir fue expulsada de su cargo y decidió dedicarse de lleno a su obra literaria. Apoyada por Sartre escribió su primera novela, La invitada (1943), donde expuso la teoría existencialista de la libertad y la responsabilidad individuales, que volvería a abordar en La sangre de los otros (1944) y Los Mandarines (1954).
Terminada la II Guerra Mundial, comenzó a colaborar en la revista Les Temps Modernes (1945), donde Sartre era fundador y director. La posguerra exigía nuevas ideas y había una corriente intelectual que rompía con los valores del pasado: el existencialismo. En su ensayo Por una moral de la ambigüedad (1947), Beauvoir escribió: “El hombre no se justifica por su mera presencia en el mundo, sino por su negativa a estar pasivo... Existir significa remodelar la existencia”. Suscribía así el principal postulado del existencialismo: la vida carece de sentido, pero el hombre puede dárselo a través de la acción.
En su obra, Sartre construyó un sistema filosófico completo de carácter existencialista, pero Beauvoir prefería exponer sus ideas en forma de novelas. Sin embargo, su principal aportación es un concienzudo ensayo en dos tomos: El segundo sexo (1949). En esta piedra angular del feminismo, la autora analizó la condición de la mujer en las sociedades occidentales para responder a la pregunta: ¿Qué es ser mujer? La obra aborda lo femenino desde cuatro puntos de vista: la ciencia, la historia, los mitos, la biología y la edad. Entre los cuatro definen los condicionantes culturales y psicológicos de las mujeres.


No se nace mujer SE LLEGA A SERLO 
Aunque pesada de leer, la obra causó un gran impacto por lo exhaustivo de su análisis y por su concepción igualitaria de los seres humanos. Enseguida se vendieron 22.000 ejemplares. El escándalo que El segundo sexo causó fue tal que, para salvarse de los ataques directos, Beauvoir tuvo que renunciar a los cafés parisinos –El Flore, Les Deux Magots– donde solía escribir. Aguantó una lluvia de insultos y burlas, pero obtuvo su revancha en vida: a partir de los 70, una generación de mujeres retomó la exigencia de la igualdad legal con los hombres, olvidada tras el fracaso del movimiento sufragista. Esas nuevas feministas eran las hijas de El segundo sexo.
Si, según Hegel, toda verdadera filosofía recoge el espíritu de su tiempo y lo eleva a concepto, Beauvoir acertó a expresar todo un ciclo de reivindicaciones de las mujeres. Su famosa frase “No se nace mujer, se llega a serlo”, se convirtió en una referencia esencial. Para su feminismo existencialista, el ser humano no es esencia fija, sino “existencia”, “proyecto”, “autonomía”, “libertad”. Privar a un individuo del derecho a decidir sobre su vida solo porque pertenezca al “segundo sexo” es violentarlo. Esta idea la asumen hoy millones de personas que ni siquiera han oído hablar de la obra y de ella han nacido las políticas de igualdad europeas.


Algren y Lanzmann LOS AMORES CONTINGENTES
En 1947, en Chicago, el norteamericano Nelson Algren llegó a la vida de Beauvoir. Excelente escritor, malhumorado y rudo, su relación con él quedó descrita en la novela Los mandarines. En aquel momento, Sartre mantenía un intenso romance con la actriz Dolores Vanetti, que inquietaba a Beauvoir. Algren fue su medicina. La bellísima correspondencia de más de 600 cartas que mantuvieron pone de manifiesto un amor muy sexual que duró varios años, antes de transformarse en amistad y luego en rencor. ¿Qué pasó? Que Algren detestaba la dependencia que Beauvoir tenía de Sartre, aunque ella intentaba explicársela: “No podría ser la Simone que amas si abandonase mi vida con él”. Algren, decepcionado y furioso, cortó la relación. Durante mucho tiempo atacó a Sartre y Beauvoir en textos y entrevistas. Pero fue una relación importante y Beauvoir quiso ser enterrada con un anillo de plata mexicana que él le había regalado.
En los 50 y 60, Beauvoir y Sartre eran embajadores intelectuales de la izquierda marxista en el mundo entero. Hipercríticos y tajantes, (nunca pertenecieron al Partido Comunista, al que reprochaban demasiadas cosas), su atención a la política y su apoyo a las causas que creían justas los habían convertido en prototipos del intelectual comprometido. En ese momento Beauvoir conoció a su último amor, el comunista Claude Lanzmann. Él tenía 25 años, ella 42 y apenas acababa de superar la ruptura con Algren. Con Lanzmann se sintió de nuevo viva y joven. Por primera vez aceptó vivir con alguien, aunque sin renunciar a su eterna relación con Sartre.

Últimos años RECUPERAR LO VIVIDO
En 1954, Los Mandarines ganó el prestigioso Premio Goncourt, lo que le permitió comprarse un auto y un piso propios.
A los 48 años, instigada por Sartre, que la consideraba “más interesante que las heroínas de sus novelas”, comenzó a escribir su caudalosa autobiografía, Memorias de una joven formal (1958), a la que siguieron La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963) y Final de cuentas (1972). Basada en un diario más que minucioso, puntilloso, Beauvoir se convirtió en protagonista y explicó a sus lectoras cómo se había emancipado del oscuro mundo de su infancia para llegar a ser una mujer libre y comprometida con sus ideas.
En 1970 publicó La Vejez, un ensayo de tesis agresiva: los viejos, como los pobres, los inmigrantes o los locos, son un fracaso social, una nueva clase de marginados. Desde ese momento se consagró a cuidar de Sartre, a quien pasaban factura tanto la vejez como sus excesos con el alcohol. El filósofo murió el 15 de abril de 1980 y un año después Beauvoir publicó un polémico libro: La Ceremonia del adiós. Un texto muy personal pero duro y nada complaciente donde narra el derrumbe físico del compañero de su vida y sus devastadoras consecuencias: falta de riego cerebral, desorientación, incontinencia, recuerdos falsos, semiceguera, delirios, gangrena… Todo ello no le impedía participar, en la medida de sus fuerzas, en actividades públicas. Sartre no mostró angustia ante la muerte. Estaba conforme con el conjunto de su existencia: “Se ha hecho lo que se tenía que hacer”. Su entierro fue la última manifestación del espíritu del 68. Beauvoir murió el 14 de abril de 1986 en París, en el sexto aniversario de la muerte de Sartre. En su entierro, menos espectacular, cinco mil mujeres con claveles rojos. Ambos comparten tumba en el cementerio de Montparnasse.                                            ❖ Marisa Pérez Bodegas
                                                                                                 TEXTO COMPLETO EN FILOSOFÍA HOY.

lunes, 21 de julio de 2014

FILOSOFO, OBRAS Y ALGO MÁS

MARCO AURELIO
MEDITACIONES
LIBRO III

4. No consumas la parte de la vida que te resta en hacer conjeturas sobre otras personas, de no ser que tu objetivo apunte a un bien común; porque ciertamente te privas de otra tarea; a saber, al imaginar qué hace fulano y por qué, y qué piensa y qué trama y tantas cosas semejantes que provocan tu aturdimiento, te apartas de la observación de tu guía interior. 

Conviene, por consiguiente, que en el encadenamiento de tus ideas, evites admitir lo que es fruto del azar y superfluo, pero mucho más lo inútil y pernicioso.

Debes también acostumbrarte a formarte únicamente aquellas ideas acerca de las cuales, si se te preguntara de súbito: «¿En qué piensas ahora?», con franqueza pudieras contestar al instante: «En esto y en aquello», de manera que al instante se pusiera de manifiesto que todo en ti es sencillo, benévolo y propio de un ser sociable al que no importan placeres o, en una palabra, imágenes que procuran goces; un ser exento de toda codicia, envidia, recelo o cualquier otra pasión, de la que pudieras ruborizarte reconociendo que la posees en tu pensamiento. Porque el hombre de estas características que ya no demora el situarse como entre los mejores, se convierte en sacerdote y servidor de los dioses, puesto al servicio también de la divinidad que se asienta en su interior, todo lo cual le inmuniza contra los placeres, le hace invulnerable a todo dolor, intocable respecto a todo exceso, insensible a toda maldad, atleta de la más excelsa lucha, lucha que se entabla para no ser abatido por ninguna pasión, impregnado a fondo de justicia, apegado, con toda su alma, a los acontecimientos y a todo lo que se le ha asignado; y raramente, a no ser por una gran necesidad y en vista al bien común, cavila lo que dice, hace o proyecta otra persona.
Pondrá únicamente en práctica aquellas cosas que le corresponden, y piensa sin cesar en lo que le pertenece, que ha sido hilado del conjunto; y mientras en lo uno cumple con su deber, en lo otro está convencido de que es bueno.

Porque el destino asignado a cada uno está involucrado en el conjunto y al mismo tiempo lo involucra. Tiene también presente que todos los seres racionales están emparentados y que preocuparse de todos los hombres está de acuerdo con la naturaleza humana; pero no debe tenerse en cuenta la opinión de todos, sino sólo la de aquellos que viven conforme a la naturaleza

TEXTO COMPLETO EN LIBRO ONLINE:
http://www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/M/Marco%20Aurelio%20-%20marco%20aurelio%20meditaciones.pdf

domingo, 20 de julio de 2014

VIDEO PARA FILOSOFÍA: A LOS QUE AMAN


 A LOS QUE AMAN
'A los que aman' es una película que se desarrolla en siglo XVIII. 
Una noche, un anciano le cuenta a un joven la historia de una gran pasión: su propia historia. Es un relato de la época en que era médico y se había enamorado apasionadamente y en silencio de Matilde. Esa pasión empezó en la infancia, precisamente cuando la caza desapareció misteriosamente de la región y aparecieron dos personajes extraños: el preceptor de esgrima y su solitaria y ausente hija Valeria.

Principio de la película "A los que aman" de Isabel Coixet

Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible, que podemos mirarlo como a una criatura oscura, tanto más ajena a nosotros, cuanto más cerca la sentimos. 

Pero yo siempre he creído que el dolor que no encuentra palabras para ser expresado es el más cruel, el más hondo, el más injusto.

Pasé mi vida amando a una mujer que amaba a otro, que no la amaba a ella, sino a otra mujer, de la que nunca supo si le correspondía.

Era un tiempo en el que todavía podía mirar al futuro con más esperanza que miedo.




Isabel Coixet dirigió en 1998 A los que aman, una película de época y "minimalista", según la realizadora, que ambientó a finales del siglo XVIII este cuento romántico que desentraña las trampas del amor. Monica Belluci, Olalla Moreno, Patxi Freytez, Julio Núñez, Albert Plá,Christopher Thompson y Amanda García protagonizan el filme, que se rodó en una vieja casona de Galicia.


El minimalismo es una corriente artística  que sólo utiliza elementos mínimos y básicos. Por extensión, en el lenguaje cotidiano, se asocia el minimalismo a todo aquello que ha sido reducido a lo esencial y que no presenta ningún elemento sobrante o accesorio.
Por ejemplo: “Me gustaría implantar el minimalismo en la decoración de mi hogar”“El artista sueco es uno de los máximos referentes del minimalismo en la pintura contemporánea”“No me gusta el minimalismo, prefiero las ornamentaciones barrocas y plagadas de detalles”.
La intención del minimalismo, por lo tanto, es generar sentido a partir de lo mínimo. Esto requiere simplificar los elementos utilizados, apelando a un lenguaje sencillo, colores puros y líneas simples.



VIDEO PARA FILOSOFÍA: Noam Chomsky


        Noam Chomsky





VIDEO PARA FILOSOFÍA: VATTIMO

GIANNI VATTIMO







Gianni Vattimo - La digitalización de nuestro tiempo:¿existe solo lo que está en la "Red"?




viernes, 18 de julio de 2014

TEMA LA MUJER Y LA FILOSOFÍA

La verdad sobre Hipatia

Al morir como murió, entró en la leyenda. Fue la primera científica, filósofa neoplatónica y fiel a los dioses paganos. Un arquetipo femenino que a lo largo de la historia cada uno ha interpretado según sus necesidades sicológicas.



Hipatia nació en Alejandría, capital de la provincia romana de Egipto, hacia el año 355, o 370, según las ultimas investigaciones. No se tienen datos sobre su madre, pero sí sobre su padre, el filósofo y matemático Teón, que estimuló su educación para que fuera “un ser humano perfecto”. Recibió, pues, Hipatia una formación científica muy completa. Practicaba rutinas diarias para mantener un cuerpo saludable y una mente activa, en contraste con las mujeres de su época, apartadas del conocimiento y relegadas a los gineceos. Con el tiempo se convertiría en una mujer brillante, competente en todo, y, según se dice, muy hermosa. Pero no quiso casarse y permaneció virgen para dedicarse por completo a cultivar su inteligencia. Su padre trabajaba en el Sarapeo, institución fundada por Tolomeo I, el sucesor de Alejandro Magno, dedicada a la investigación y la enseñanza. Su biblioteca se consideraba hermana menor de la legendaria Gran Biblioteca de Alejandría, destruida en algún momento de los siglos III/IV. Allí vivían más de cien profesores fijos y muchos invitados. Hipatia estudió en el Sarapeo y formó parte de él hasta su muerte. Incluso lo dirigió hacia el año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos la llamaban “la filósofa”.

Maestra y discípulos

Hacia el año 400, Hipatia encabezaba a los filósofos neoplatónicos alejandrinos y se dedicaba con pasión a la enseñanza. A su casa acudían estudiantes de todo el Oriente Medio, atraídos por su fama. Llegaban de Cirene, Siria y Alejandría, de la Tebaida y de la capital del Imperio. Era una selecta escuela de aristócratas con alumnos paganos y cristianos, ninguno perturbado en sus convicciones por su maestra. Su discípulo preferido, el cristiano Sinesio de Cirene, expuso con elocuencia la devoción que la carismática Hipatia inspiraba a sus alumnos: “Madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado, tanto de nombre como de hecho”. Sinesio, que llegaría a ser obispo de Ptolemaida, mantuvo una intensa correspondencia con su maestra en la que se menciona a otros discípulos, desde Herculiano hasta Orestes, que era el Prefecto imperial al morir Hipatia… Todos ellos hijos de familias poderosas, muchos llegarían a ocupar altos cargos. Hipatia tenía un concepto aristocrático de la filosofía y no se interesó por las clases populares, ni empatizó con las mujeres. No tuvo discípulas. Su misión moral, a la que estaba entregada, la ponía muy por encima de su propio sexo. Se podía decir de ella lo que Empédocles, el pitagórico, decía de sí mismo: “En una ocasión fui dos cosas, hombre y mujer”.

Sobresaliente en ciencias 

En su época, el saber se consideraba un todo y no era raro que los filósofos fueran también científicos. Era su caso. Sabía matemáticas, astronomía, música... Sus escritos se han perdido, pero hay muchas referencias a ellos, gracias a sus discípulos Sinesio de Cirene y Hesiquio de Alejandría, el Hebreo. Su trabajo más extenso fue sobre álgebra: un comentario a la Aritmética de Diofanto, el padre de los números enteros, que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio y colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides. Redactó también un Canon de Astronomía, y revisó las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo.
También le interesaban los aparatos. Las Cartas de Sinesio recogen sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano que mejoraba los antiguos para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. Desarrolló un aparato para la destilación del agua, un hidroscopio para medir su presencia y su nivel y un hidrómetro que determinaba el peso específico de los líquidos. También se le atribuye la invención del aerómetro, para medir las propiedades físicas del aire u otros gases.

La violenta Alejandría 

Era un avispero lleno de avispas letales. Teodosio I convirtió al llamado catolicismo en religión del Estado y eso había irritado tanto a los paganos como a las facciones cristianas excluidas, que se veían de pronto consideradas heréticas. Durante las décadas siguientes hubo en Alejandría enfrentamientos incluso violentos y los filósofos como Hipatia sufrieron fuertes presiones para convertirse al cristianismo. Algunos lo hicieron, pero Hipatia se negó, a pesar de los consejos de su discípulo Orestes: su mente investigadora debía ser incompatible con una religión dogmática. Además, confiaba en su buena relación con la élite intelectual cristiana, que la consideraba un modelo de virtud. Su influencia en la ciudad era enorme, incluso aconsejaba a Orestes, ya nombrado representante del Emperador, en los asuntos municipales.
El Patriarca de Alejandría era en aquel momento el copto Teófilo, ambicioso y enérgico. En el año 391 había convencido al Emperador para derribar los templos paganos de la ciudad, entre ellos el Serapeo, destruyendo su biblioteca, tan amada por Hipatia. Ello provocó disturbios sangrientos entre paganos y cristianos pero Hipatia procuraba no enfrentarse con Teófilo. Al morir este, le sucedió su sobrino Cirilo que siguió con la política de su tío: presión contra los paganos, herejes y judíos y resistencia ante Constantinopla. Así surgió la amarga hostilidad entre Cirilo y Orestes, que debía defender el poder absoluto del Emperador. En esa pinza quedaría atrapada Hipatia.
Existía en ese momento un odio visceral entre cristianos y judíos, estos protegidos por Orestes. Hubo violentos motines antijudíos, azuzados por Cirilo. Orestes se quejó al Emperador y rechazó los intentos de reconciliación de Cirilo. Ahí se cerró la trampa. Del desierto de Nitria llegaron 500 monjes belicosos dispuestos a defender a su Patriarca que atacaron físicamente a Orestes llamándole idólatra. Y aunque él se defendió gritando que era cristiano, fue herido por el monje Amonio. Era un delito contra el Emperador: Amonio fue torturado y muerto, y Cirilo, en revancha, le consagró como mártir cristiano. La ruptura entre el Patriarca y el representante imperial era ya absoluta.

La muerte de Hipatia

Alejandría se llenó de rumores. ¿Por qué era aquella Hipatia tan influyente? No era popular entre el pueblo llano, lo que fue aprovechado por los agitadores del Patriarca para lanzar la peor de las insidias. ¿No sería una bruja, practicante de la magia negra, fomentadora de la discordia entre Cirilo y Orestes? Y la crisis se desencadenó. Era el año 415. En plena cuaresma, una turba, quizás de monjes encolerizados, asaltó a la filósofa al volver a su casa. La arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magnífico templo edificado por Augusto y convertido en catedral de Alejandría. Allí la desnudaron y la descuartizaron con piedras afiladas y conchas de ostras. Sus restos fueron llevados en triunfo hasta el Cinareo, quizás un crematorio, donde los quemaron para que nadie pudiese recuperarlos.
Al morir, Hipatia no era la bella joven que dicen las leyendas. Tenía entre 40 y 60 años, según la fecha de nacimiento que se acepte. ¿Murió por ser pagana y no aceptar la conversión? No exactamente. Su asesinato, aunque en el marco de la hostilidad cristiana contra el paganismo, fue una consecuencia directa de la tensión entre el patriarcado alejandrino, encarnado por Cirilo, y el poder imperial, representado por Orestes. Una especie de advertencia siniestra lanzada al Prefecto por el Patriarca: “Lo que le ha pasado a Hipatia también podría pasarte a ti”. Con las fuentes que hoy tenemos, es imposible saber si Cirilo orquestó el ataque o si sus irascibles partidarios lo llevaron a cabo a sus espaldas. Pero sin duda fue su instigador, responsable moral de la campaña contra Hipatia.

Un escándalo histórico

Tanto los detalles truculentos del crimen como la impunidad de los asesinos convirtieron la muerte de Hipatia en un escándalo histórico perdurable. El Emperador Teodosio II quiso castigar a Cirilo, pero al final se limitó a retirarle los 500 monjes que le servían de guardia. Además, a su muerte fue declarado santo y doctor de la Iglesia. Pero el asesinato de Hipatia no fue olvidado. La inmediata posteridad condenó a Cirilo casi sin reservas: el historiador bizantino Juan Malalas (siglo VI) daba por cierta su inducción al crimen y culpaba del acto criminal a los ciudadanos alejandrinos, violentos y “acostumbrados a toda licencia”. En la misma época, Juan de Éfeso los llamaba “horda de bárbaros inspirada por Satán”. Incluso la Suda, enciclopedia bizantina del siglo XI, atribuye el asesinato al carácter feroz de los alejandrinos.

SUS ENSEÑANZAS FILOSÓFICAS

Según Damascio, filósofo pagano del siglo VI, Hipatia era «de naturaleza más noble que su padre y no se conformó con las ciencias matemáticas, sino que se dedicó a las filosóficas con mucha entrega». La insuficiencia de las fuentes que tenemos nos obliga a especular sobre su filosofía: comentaba –no sabemos con qué aportaciones personales– los textos y la doctrina de Platón y formaba parte de esa élite pagana que seguía fiel a las antiguas creencias y velaba por el legado clásico en un imperio conquistado por el cristianismo.

Basaba sus enseñanzas en las de Plotino, el fundador del Neoplatonismo, y quizás utilizaba los Oráculos Caldeos, la biblia neoplatónica, que incluye ciertas doctrinas esotérico-religiosas. Pero no las ponía en práctica: era una helenista cultural que rechazaba los ritos mágicos y no hacía sacrificios a los dioses. Su trato con cristianos y su buena relación con las autoridades religiosas demuestran que no fue una pagana militante.


Las clases de Hipatia eran diálogos sobre temas éticos y religiosos. Compartía con sus alumnos experiencias de gran intensidad, que no se debían a prácticas milagreras, sino al esfuerzo mental que realizaban juntos.


 Transmitía sus ideas filosóficas con un énfasis casi científico y defendía con gran celo el sentido sagrado de la investigación filosófica. Su sabiduría y autoridad espiritual la habían convertido en guía de sus discípulos. Apoyada en Platón, ella despertaba su instinto filosófico, les instaba a escapar de la realidad banal para dirigirse hacia la trascendental.


Con un esfuerzo enérgico de la inteligencia y el corazón, cada uno debía llegar a descubrir su propio ojo interior: ese ojo intelectual, hijo luminoso de la razón, que capacita al individuo para romper las cadenas de la materia.


Esa chispa encendida por Hipatia podía llegar a convertirse en una gran llama de conocimiento, estación final del viaje del alma que el neoplatónico Plotino denominaba anagogue: ascensión hacia la divinidad. Lograda la meta filosófica, el espíritu estaba listo para la verdadera realidad, más allá del pensamiento y del lenguaje.


 Lograr esa experiencia significaba alcanzar la verdadera vida. En adelante, esa vida, guiada por la razón filosófica, se dedicaría a buscar lo trascendental y a procurar la fusión con lo divino, en una dimensión más alta de la existencia. La felicidad de esta unión era tan intensa que todos los discípulos de Hipatia la deseaban.


Durante esa búsqueda, el ser humano debía desprenderse de las inquietudes del mundo. Eso requería esfuerzo cognitivo y perfección ética. Hipatia podía aplicar duras medidas pedagógicas a los alumnos que no aceptaban esa verdad básica, como demuestra la anécdota contada por Damascio: uno de sus discípulos le confesó que estaba enamorado de ella. E Hipatia, entregándole su paño menstrual, le dijo:

“Esto es lo que amas y no tiene nada de hermoso”.

La historia, sin duda reveladora para los psicoanalistas modernos, manifiesta el desinterés de Hipatia hacia la sensualidad, así como una energía de carácter poco común y gran fortaleza ética. Quiso demostrar a su discípulo que la belleza no reside en un objeto concreto, el cuerpo de Hipatia. Los cuerpos no son más que imágenes, huellas, sobras. A Hipatia, como a Plotino, no le interesaban esas bellezas relativas; quería despertar en sus alumnos el hambre intelectual por la belleza última, la hermosura del conocimiento. 

                                                                                                                                                               ❖ Marisa Pérez Bodegas
TEXTO ORIGINAL EN FILOSOFÍA HOY
Hildegard von Bingen (Alemania, 1098-1179) fue una polifacética abadesa, física, filósofa, naturalista, compositora, poetisa y lingüista del medievo. A pesar de que su trabajo no sería considerado ciencia como tal en el mundo moderno, brilló con luz propia durante la época medieval.
Intervención divina.
Hildegard von Bingen nació en una familia noble alemana en 1098. Ella fue la décima de sus hermanos y pasó enferma la mayor parte de su infancia. Sus padres eran muy creyentes y la entregaron a la Iglesia como un diezmo (por ser la menor de sus diez hijos) cuando ella tenía ocho años. Este tipo de abandono sería impensable hoy en día, sin embargo, en aquella época era un símbolo de los tiempos (su nacimiento coincidió con la Primera Cruzada que llegó a Jerusalén en 1099) y parece que esto encajó con su ferviente disposición desde niña. Cuando fue adulta, Hildegard expresó su gratitud hacia su familia por haberla entregado a la Iglesia en un momento en que “el espíritu religioso crecía lentamente”.
Siendo ya abadesa, afirmaba haber tenido visiones a una edad muy temprana, que continuaron a lo largo de su vida. Estas visiones hicieron que se la tratara como una persona en conexión con lo divino, lo que explica en parte cómo fue capaz de deshacerse de las restricciones de la iglesia medieval con las mujeres predicadoras y dedicarse a la filosofía y a la ciencia. De hecho, la mayoría de las obras de Hildegard von Bingen se presentan en forma de visiones. En 1141, cuando tenía 42 años, experimentó una visión que recibió como una instrucción directa de Dios, en la que se le instaba a “escribir todo cuanto viera y oyera”.
Sus días de abadesa.
Hildegard avanzó rápidamente en las filas de la iglesia. En 1136 fue elegida por unanimidad como magistra entre sus hermanas y compañeras y llegó tan lejos como para convencer a la iglesia de su época de que tomara una medida inusual y le permitiera fundar dos monasterios en 1150 y 1165.
Esta particular mujer era también una compositora consumada y sigue siendo conocida por ello hoy en día. Entre los años 70 y 80 se rescataron sus composiciones musicales y esautora de uno de los repertorios de música medieval más extensos. Una de sus obras,Ordo Virtutum, dedicada a la virtud, es uno de los primeros ejemplos de drama litúrgico. Además, Hildegard escribió textos teológicos, botánicos y medicinales, así como cartas y poemas.
El talento natural.
A diferencia de sus otros escritos, los cuales presentó en forma de visiones, las obras científicas de Hildegard no se describen como profecías. Hildegard escribió Physica, un texto sobre las ciencias naturales, así como el tratado médico Causae et Curae. En ambos textos, describe el mundo natural y muestra un particular interés en las propiedades curativas de las plantas, los animales y las rocas.
Physica es una obra extensa de nueve volúmenes que se ocupa principalmente del uso medicinal de las plantas, los árboles, las piedras preciosas, los metales y los animales. Por ejemplo, en una de las entradas, describe a las flores Cinquefoil como: “…. beneficiosas para la salud y útiles para combatir la fiebre causada por la mala alimentación.”
Los cinco volúmenes del Causae et Curae son esencialmente un tratado de medicina, mezcla de influencias griegas y cristianas. Junto con algunos inverosímiles remedios (tales como sumergir a una perra en agua y usar este agua para humedecer la frente como una cura para la resaca) hay algunos que parecen bastante razonables. Estos incluyen consejos rudimentarios sobre cómo mantener los dientes sanos y firmes o cómo enriquecer la dieta de las mujeres que sufrían amenorrea (ausencia de menstruación), algo habitual en la época debido la desnutrición.
Logros cientificos.
Desde el punto de vista actual, la ciencia de Hildegard von Bingen se parece más a la superstición, pero hace casi un milenio, sus puntos de vista fueron considerados sabios.Hildegard poseía una verdadera curiosidad por entender el mundo natural que existía a su alrededor.
Además, en un momento en el que estaba prohibida la interpretación de las Escrituras por parte de las mujeres y su participación en la sociedad, esta mujer se comunicó con el  papado (incluyendo los papas Eugenio III y AnastasioIV), hombres de estado, emperadores alemanes como Federico I y otras figuras notables como san Bernardo de Claraval.
Hildegard von Bingen fue muy por delante de su tiempo en sus opiniones sobre la importancia de la gratificación sexual para las mujeres. A pesar de que es lógico pensar que como abadesa conservaría su virginidad, ella bien podría ser la primera mujer europea en describir el orgasmo femenino.
Puede resultar contradictorio considerar a una religiosa como una mujer de ciencia. Sin embargo, en el contexto histórico en el que Hildegard von Bingen desarrolló su trabajo, se la puede considerar una mujer excepcional en este campo, no solo por su condición de mujer si no también por ser capaz de aportar un poco de luz a ese oscuro tramo de la historia que fue la Edad Media. 


TEMA BRUNO

Giordano Bruno: Filosofía en llamas

Hay dos tipos de filósofos: los que se pegan a lo establecido y los que abren nuevos caminos poniéndose en el punto de mira de quienes alimentan el statu quo. Bruno fue de los segundos. Por eso está aquí.



Siguiendo con la mencionada clasificación, los primeros –los filósofos acomodaticios– siempre son recompensados por sus obras, mientras que los segundos son tratados como lo que son: personas molestas, incómodas e incorrectas que deben ser perseguidas. Giordano Bruno no es que pertenezca a estos últimos, es que bien podría ser su patrón. Un patrón laico cuya vida, cuya leyenda, ilumina a los hombres y a las mujeres que aún están dispuestos a generar una nueva forma de ver el mundo y de relacionarse con él.

Un niño que va por libre
Bruno nació en Nola, en el reino de Nápoles. Fue el fruto del matrimonio entre un soldado al servicio de la corona Española y de una mujer cuyo nombre aún sorprende: Fraulissa Savolino. Vio por primera vez la luz de este mundo en el año 1548, pero bajo un nombre que para la mayoría es tan desconocido como su justificación: Filippo, en honor a Felipe II, al Emperador al que el padre de la criatura servía con diligencia y fidelidad. El nombre que todos conocemos, Bruno, fue impuesto en su ordenación en honor al antiguo prior del convento en el que el nolano tomó los hábitos.
De su infancia se conoce que estuvo marcada por la soledad y la melancolía. Era un niño inadaptado que solo encontraba consuelo paseando, escribiendo y hablando con el monte que coronaba su pueblo, el Cicala. En cuanto tuvo edad de iniciar sus estudios, y gracias a que los soldados tenían ciertos privilegios a la hora de dar a sus hijos una buena educación, su familia le envió a Nápoles, una ciudad en la que la vida intelectual, comercial y cotidiana era un auténtico hervidero. Algo lógico, cuando se sabe que aquella urbe, con unas 250.000 almas, era una de las más masificadas de Europa.
El sitio en el que Bruno se instala es el Monasterio de San Domenico, en cuya orden ingresará en 1565, se hará sacerdote en 1572 y bajo cuya enseñanza llegará a ser Doctor en 1575. Hasta aquí nada raro, salvo algunos episodios menores en los que ya Bruno enseñó los dientes a sus hermanos dominicos. El más significativo, cuando el nolano sacó de su celda un cuadro del obispo Antonio de Florencia y otro de la Virgen: un gesto que tenía cierto tufo a protestantismo, ya que los religiosos italianos sentían una devoción absoluta por ella.

Herejía y huida
Nada más estrenar su posición de Doctor –no llegará al año–, Bruno empieza a verse en el derecho de decir lo que piensa, que no es otra cosa que poner en duda dogmas vertebrales del catolicismo: la Encarnación, la existencia del Infierno y el Purgatorio y la divinidad de Cristo. El resultado son dos acusaciones de herejía que le harán huir rápidamente de Italia y comenzar una peregrinación por Europa.
Destacan sus estancias en Ginebra, ahí conoce de primera mano el calvinismo; en París, en donde dice abiertamente ser copernicano y neoplatónico; Toulouse, en cuya universidad imparte durante dos años clases; y, finalmente, Inglaterra, país que le acoge con generosidad –en Londres vive en la casa del embajador de Francia–, y que le brinda la posibilidad de publicar sus principales obras; todas ellas, por cierto, escritas en italiano, algo completamente atípico en una época en la que el latín era lengua obligada, por lo menos entre los intelectuales católicos.
El pensamiento de Giordano Bruno destaca por una provocadora combinación, que mezcla distintas escuelas y teorías, aunando pasado, presente y futuro de una forma tan compleja como inclasificable. Así, en su filosofía identificamos influencias directas del pitagorismo, del neoplatonismo (Plotino), de la teoría copernicana, del atomismo griego (Demócrito y Lucrecio), de la teología y mística medieval (Scoto Erígena y Nicolás de Cusa), del averroísmo y de las corrientes herméticas que habían aflorado en el Renacimiento (Hermes Trimegisto).

Tres nociones básicas
Resumir la filosofía de Bruno no resulta fácil: es demasiado rica y está llena de matices, pero sí es posible identificar tres líneas principales: infinitud de los mundos, monismo y animación universal.
La primera tiene que ver con su apuesta por la teoría copernicana; ahora bien, Bruno la lleva más lejos de lo que jamás lo habría hecho el propio Copérnico, y si lo hace es porque ha leído un libro decisivo para él De la Naturaleza de las cosas, de Lucrecio, ya que igual que este poeta romano, Bruno postula que el universo es infinito y que a su vez está formado por infinitos mundos. No es que la Tierra no sea el centro del sistema solar, es que ni siquiera el sistema solar es centro de nada. Así, el mismo eje de la teoría copernicana, el Sol, no es otra cosa que una de las infinitas estrellas que iluminan y calientan las infinitas Tierras que el universo alberga.
Si decimos que la filosofía del nolano es monista, es porque para él solo hay una única sustancia que se manifiesta de distintas formas. Al decir esto, el universo y Dios quedan identificados: ni el mundo es externo a Dios ni este está por encima del mundo. Una identificación que acerca peligrosamente el pensamiento de Bruno al panteísmo; peligrosamente porque entonces esta era una posición intelectual severamente perseguida por la Iglesia, ya que entre ella y el ateísmo no hay tanta distancia.
En lo que se refiere a la animación universal, se nota la influencia directa de Platón, los neoplatónicos y la tradición hermenéutica. Se resume en la idea de que le universo es un todo interconectado que se define por estar vivo, incluyendo los seres inanimados.

La condena del fuego
De vuelta a su biografía, desde Londres, bajo el amparo del embajador de Francia, Bruno dispara al mundo su pensamiento y también se prepara para cometer el error que le costaría la vida: piensa que en Italia van a cambiar las cosas y decide regresar. Primero va a Venecia, y finalmente pone los pies en la capital del catolicismo, Roma. La Inquisición, enterada de que Bruno está en la Ciudad Santa, decide ir a por él. Su siniestro mecanismo se pone en marcha y es detenido y encarcelado. Pasará ocho años en la cárcel de la Inquisición, ocho largos años en los que solo saldrá para asistir a juicios en los que ya todo estaba decidido. O no, porque los Inquisidores, con el cardenal Belarmino a la cabeza, aún le dan la posibilidad de retractarse, pero él decide no hacerlo. De este modo, será condenado a morir en la hoguera bajo la acusación de “herejía obstinada y pertinaz”. Bruno asume la pena con una sentencia que sigue resonando en el laberinto de la Historia: “Puede que a vosotros os cause más temor pronunciar esta sentencia que mí aceptarla”.
El 17 de febrero de 1600 lo sacan de su celda y lo conducen al Campo de las Flores. Se le desnuda y se le pone sobre la pira, pero antes de prender el fuego se le ofrece, con el fin de salvar su alma, besar un crucifijo: él quita la cara y con ese gesto pone punto y final. El fuego se enciende y el filósofo arde ante los ojos de los inquisidores y de todos los curiosos que se habían acercado a la plaza.

Un hombre del futuro
Era el fin del hombre pero el comienzo de la leyenda, ya que, en 1889, los estudiantes de Roma, a través de una campaña de suscripción internacional, encargan a Ettore Ferrari esculpir en bronce a Giordano Bruno. Con el apoyo del alcalde de Roma logran poner en la Plaza de las Flores la mítica escultura. La razón la dejan escrita en el pedestal: “A Bruno, de la generación que vislumbró, aquí, donde ardió la pira”. A día de hoy, todos los 17 de febrero, la fecha en la que el fuego sacó a Giordano Bruno de este mundo, la estatua asiste a una sorprendente peregrinación laica. Desde su ubicación, la estatua sigue enfrentándose desafiante al Vaticano. Puede que el tiempo y el devenir de la cultura le hayan dado la razón a Bruno, y que los que le condenaron ahora tengan más miedo que el que él tuvo al conocer su condena. ■ Gonzalo Muñoz Barallobre
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